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Los invernaderos de investigación permiten desarrollar estudios avanzados en biotecnología vegetal, fitopatología, mejora genética o evaluación de nuevas técnicas agronómicas. Sin embargo, cuando estas investigaciones implican organismos modificados genéticamente, patógenos o agentes biológicos, es necesario garantizar su manipulación en condiciones de seguridad adecuadas.

Para ello se aplican medidas de contención biológica, cuyo objetivo es evitar la liberación accidental de organismos al medio ambiente y proteger tanto al personal investigador como al entorno.

En España, estas actividades están reguladas principalmente por el Real Decreto 178/2004, que desarrolla la Ley 9/2003. Esta normativa establece distintos niveles de confinamiento biológico, definidos en función del riesgo asociado a los organismos manipulados y de la actividad que se realiza.

Cada nivel de contención implica una serie de requisitos técnicos, organizativos y de seguridad que deben aplicarse en la instalación. A lo largo de este artículo analizaremos cuáles son estos niveles de confinamiento y las principales exigencias que establece la normativa, así como algunas de las soluciones técnicas que permiten mejorar estos estándares de seguridad en invernaderos de investigación. En este sentido, también veremos cómo desde ACOM se han desarrollado soluciones constructivas y de control que permiten reforzar estos niveles de contención, optimizando el funcionamiento de las instalaciones y mejorando el rendimiento de los invernaderos de investigación.

Contención nivel NCB2+ de invernaderos de investigación

Tabla de confinamiento

Los requisitos que se exigirán en las instalaciones vienen marcados por el Grado de confinamiento que se pretende alcanzar, y se resume en la siguiente tabla extraída del Real Decreto 178/2004: 

Principales medidas de contención

1. Diseño estructural del invernadero

El diseño físico del invernadero es el primer elemento de contención, ya que debe garantizar que los organismos manipulados no puedan escapar al exterior.

Para ello, las instalaciones deben contar con una estructura cerrada y sistemas que permitan mantener el entorno de cultivo controlado y aislado. Dependiendo del grado de confinamiento requerido, pueden incorporarse elementos adicionales como esclusas de acceso, control de ventilación o sistemas de filtrado del aire.

Estas medidas permiten minimizar el riesgo de dispersión biológica y asegurar el cumplimiento de los niveles de contención establecidos.

2. Control de acceso y circulación del personal

El acceso a instalaciones con contención biológica debe limitarse a personal autorizado y formado.

Entre las principales medidas se incluyen el control de accesos, el uso de equipos de protección adecuados, la señalización de riesgo biológico y la aplicación de protocolos de trabajo específicos.

Además, la normativa prohíbe determinadas prácticas en las zonas de trabajo, como comer, beber, fumar o almacenar alimentos.

3. Gestión del material biológico y residuos

Uno de los pilares de la bioseguridad es evitar que los organismos manipulados abandonen el sistema de contención.

Para ello deben establecerse procedimientos de desinfección, gestión segura de residuos biológicos y protocolos de actuación ante posibles derrames o dispersión accidental.

Los productos y métodos de descontaminación deben estar siempre disponibles en la instalación.

4. Evaluación de riesgos y gestión de la bioseguridad

Antes de iniciar cualquier actividad es obligatorio realizar una evaluación de riesgos biológicos que determine el nivel de confinamiento necesario.

En muchos centros de investigación esta tarea es supervisada por un Comité de Bioseguridad, encargado de evaluar los riesgos asociados, revisar los protocolos de seguridad y garantizar el cumplimiento normativo.

Este enfoque permite aplicar medidas de contención proporcionales al riesgo real de cada experimento.

En investigación vegetal, por requisitos de contención, la mayoría de los proyectos de invernaderos se sitúan en NCB1 o NCB2, desde ACOM escuchamos a nuestros investigadores y clientes y buscamos soluciones a las dudas o soluciones que necesitan para sus proyectos, ofreciendo soluciones de mayor seguridad, consiguiendo así alcanzar configuraciones equivalentes a un nivel NCB2+, incorporando medidas adicionales necesarias para invernaderos de investigación en los que se requiere por trabajar con patógenos o material transgénico. 

Entre las medidas adicionales que impulsa ACOM, podemos destacar: 

  •  Obtención de una estanqueidad ambiental con solución estructural avanzada con perfiles de aluminio, cristales y juntas de goma
  • Biowaste: se encarga de recoger, tratar y descontaminar mediante procesos químicos todos los líquidos del invernadero
  • Sistemas de enclavamiento de puertas por cerraduras electrónica y electroimán
  • Control de accesos mediante tarjetas y huellas obteniendo un desbloqueo de puertas según protocolos y sistemas de seguridad
  • Renovación del aire mediante filtros HEPA, con sistemas de sustitución segura y protocolos específicos para garantizar una mayor contención.
 
Todas estas mejoras se pueden ver en diferentes centros de investigación y universidades como en el Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC o en el IFAPA de Córdoba, en el IRTA de Cabrils o en la Universidad de Murcia (UMU), proyectos en los que nuestras instalaciones han conseguido ser certificadas con el nivel NCB2+
Contención nivel NCB2+ de invernaderos de investigación-1

Importancia de la contención biológica en investigación vegetal

La aplicación de sistemas de contención biológica en invernaderos tiene varios objetivos fundamentales:

  • proteger al personal investigador

  • evitar la liberación accidental de organismos modificados

  • prevenir impactos ambientales

  • cumplir la normativa de bioseguridad

Además, una correcta implementación de estas medidas refuerza la credibilidad científica y regulatoria de los proyectos de investigación.

Los invernaderos de investigación que trabajan con agentes biológicos u organismos modificados deben diseñarse y gestionarse bajo criterios estrictos de bioseguridad. El Real Decreto 178/2004 establece el marco normativo básico, definiendo niveles de contención y medidas mínimas que deben aplicarse.

La combinación de infraestructura adecuada, protocolos operativos y gestión del riesgo biológico permite desarrollar investigación vegetal de forma segura, garantizando tanto la protección del personal como la del medio ambiente.

Por eso, desde ACOM nos propusimos mejorar las exigencias establecidas por la normativa española en niveles inferiores, desarrollando soluciones que superan los estándares mínimos y mejoran la seguridad tanto para el personal investigador como frente a la posible liberación accidental de patógenos al exterior.

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