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En el ámbito de la tecnificación agrícola, como es el nuestro, es habitual escuchar afirmaciones como: «son las que se han trabajado siempre», «son mucho más fiables», «tienen un coste mínimo y por eso se instalan». Estas ideas, repetidas durante años y distintas generaciones, tienen su origen en las primeras soluciones inalámbricas que comenzaron a verse en el mercado a principios de los años 2000, cuando la estabilidad de la señal y la autonomía energética aún estaban en una fase temprana de desarrollo.

Sin embargo, desde entonces la tecnología ha evolucionado de forma notable. Se han producido avances significativos en los protocolos de comunicación, en la eficiencia energética y en la precisión de los sensores. Por eso, hoy queremos desmontar este mito y mostrar con claridad las diferencias reales entre ambos tipos de sondas, así como los beneficios que pueden aportar en cada caso.

SONDAS INALAMBRICAS INTERIOR DE ACOM

¿Son realmente más fiables las sondas analógicas/cableadas?

La creencia de que una sonda analógica, más conocidas como sonda cableada, es más fiable que una inalámbrica suele partir de experiencias con tecnologías antiguas o de desconocer hasta dónde ha avanzado la innovación en este campo. Sin embargo, las empresas dedicadas a la tecnificación agrícola han invertido una gran cantidad de recursos en mejorar estas soluciones.

La realidad es que la precisión de una sonda depende del sensor que la integra, no del medio de transmisión.

Actualmente, los sensores de temperatura —tanto analógicos como inalámbricos— ofrecen precisiones muy altas, con márgenes de error que se sitúan habitualmente entre ±0,1 °C y ±0,3 °C. En el caso de la humedad relativa, el margen de error suele rondar el ±2 %, lo que implica una fiabilidad cercana al 98 %.

Es decir, en términos de exactitud, ambas soluciones pueden ofrecer el mismo nivel de rendimiento siempre que la calidad del sensor sea equivalente.

La estabilidad a largo plazo tampoco depende de si la sonda lleva cable o no. Los sensores de tipo industriales suelen presentar sesgos aproximados de ±0,1–0,2 °C en temperatura y ±1–2 % en humedad relativa al año, siempre condicionadas por el mantenimiento y por el entorno al que estén expuestos.

Coste y eficiencia de instalación: una diferencia relevante

Uno de los aspectos más desconocidos —y que más suele preocupar— es el precio. Las sondas inalámbricas pueden implicar un menor coste global de instalación, ya que requieren menos mano de obra y menos material cableado que una analógica/cableada.

Al reducir el cableado, también se eliminan canalizaciones, protecciones adicionales y posibles puntos de fallo asociados a conexiones físicas.

En invernaderos o instalaciones con una superficie considerable, esta reducción puede suponer una simplificación importante en el montaje. Aunque el precio unitario del equipo pueda ser similar o ligeramente superior, el coste total del sistema puede optimizarse gracias a la reducción de horas de instalación y materiales auxiliares.

SONDAS DE HUMEDAD Y AGUA INALAMBRICAS DE ACOM

Durabilidad y mantenimiento: otro mito desmontado

Otro mito habitual es que las sondas inalámbricas tienen una vida útil más corta que las analógicas/cableadas. Nada más lejos de la realidad. Su duración depende del mantenimiento y de las condiciones medioambientales a las que estén expuestas, no del sistema de transmisión.

En cuanto a la autonomía, muchas sondas inalámbricas actuales trabajan con baterías cuya vida útil supera los 5 años. El mantenimiento, en la mayoría de los casos, se limita al cambio periódico de la pila.

Además, al no depender de largos tramos de cable, se reduce la probabilidad de roturas físicas o deterioro por humedad en conexiones. Esto disminuye el riesgo de microfallos que, en instalaciones cableadas extensas, pueden ser difíciles de detectar.

Compactas, adaptables y preparadas para el futuro

Las sondas inalámbricas suelen ser más compactas y ligeras. Esto no responde solo a una cuestión estética, sino a un diseño pensado para facilitar su ubicación en puntos estratégicos y mejorar la adaptabilidad en estructuras complejas.

Desde el punto de vista técnico, esto ofrece una ventaja clara. Si en el futuro se desean añadir nuevas sondas para mejorar los análisis y optimizar la toma de decisiones, puede hacerse sin necesidad de ampliar significativamente el PLC ni realizar nuevas canalizaciones. Esto aporta mayor flexibilidad y reduce la posibilidad de obsolescencia del sistema.

 

En invernaderos donde pueden existir diferencias internas de 1 a 3 °C entre distintas zonas, esta capacidad de redistribución sensorial resulta especialmente importante.

¿Qué opinan los entornos más exigentes?

Nuestros ingenieros técnicos apoyan el uso de sondas inalámbricas siempre que la arquitectura del proyecto lo permita. Actualmente, esta tecnología —como en el caso de soluciones basadas en LoRaWAN— se utiliza en numerosas universidades y centros de investigación.

Estamos hablando de entornos con una necesidad de precisión muy alta, donde se realizan estudios y ensayos científicos. Si estos centros confían en la tecnología inalámbrica, es porque cumple con los estándares de exactitud y estabilidad que requieren.

Como conclusión, podemos decir que desde ACOM – Agrocomponentes trabajamos tanto con sondas analógicas o cableadas como inalámbricas, porque entendemos que cada instalación necesita una estrategia sensorial adaptada.

La verdadera fiabilidad no depende de un cable. Depende del diseño, de la integración y del criterio técnico con el que se configure el sistema que se quiere implementar.

La innovación no sustituye a la precisión. La mejora.

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